El dinero
El dinero Tras subir la majestuosa escalinata, Saccard fue anunciado por un sirviente, que le hizo cruzar tres salas rebosantes de maravillas, hasta llegar a un saloncito, donde Daigremont terminaba un cigarro antes de salir. Éste, con sus cuarenta y cinco años, luchaba ya con la obesidad, si bien era alto y esbelto; vestía elegantemente y no lucía en su rostro más que un fino bigote y una perilla, como buen fanático de las Tuileries. Afectaba gran amabilidad, unida a una absoluta confianza en sí mismo, pareciendo seguro de triunfar.
Al momento, salió al encuentro del visitante.
—¡Ah, mi buen amigo! ¿Qué es de su vida? Aún no hace muchos días que pensaba en usted… ¿Acaso es realmente vecino mío?