El dinero
El dinero Pero, en seguida se calmó, renunciando a tales efusiones, que reservaba para el vulgo, cuando Saccard, juzgando inútiles las finuras de rigor, abordó sin rodeos el objetivo de su visita. Habló de su gran negocio, explicando que antes de crear el Banco universal, con capital de veinticinco millones, intentaba formar un sindicato de amigos, banqueros e industriales, que asegurasen anticipadamente el éxito de la emisión, comprometiéndose a adquirir, por lo menos, las cuatro quintas partes de la misma, o sea unas cuarenta mil acciones. Daigremont se había puesto muy serio, escuchándole y observándole, como si escudriñase el fondo de sus pensamientos, en busca del beneficio que podía obtener de aquel hombre a quien conoció tan activo y lleno de maravillosas cualidades en la fiebre de sus embrollos. Al principio, se mostró vacilante.
—No, no, estoy agotado. No quiero emprender otro nuevo negocio.
Luego, sucumbiendo a la tentación, planteó preguntas y quiso conocer los proyectos que patrocinaría la nueva casa de crédito, de los que su interlocutor tuvo la prudencia de hablar con extremada reserva. Pero cuando conoció el primer negocio que iban a lanzar y la idea de sindicar todas las compañías de transportes del Mediterráneo, bajo la razón social de Compagnie générale des Paquebots réunis, pareció impresionarse y, repentinamente, cedió.