El dinero
El dinero —Mire —replicó Daigremont—, espero a Huret a las cinco, para una gestión de que está encargado… Corra usted al Cuerpo legislativo, lléveselo a un rincón y explÃquele su negocio. Él hablará con Rougon y se enterará de cómo piensa, de modo que tendremos la respuesta aquÃ, a las cinco… ¿Qué le parece? ¿Nos vemos a las cinco?
Saccard, cabizbajo, reflexionaba.
—¡Dios mÃo! ¡Si tanto se empeña!
—¡Ah, desde luego! Sin Rougon, nada; con él, todo lo que quiera.
—Está bien; allá voy.
Y tras un enérgico apretón de mano, se disponÃa a salir, cuando Daigremont le dijo aún:
—¡Ah, escuche! Si ve que las cosas se encauzan bien, pase al volver por casa del marqués de Bohain y por la de Sédille, y dÃgales que yo formo parte del negocio y que si quieren adherirse también… Deseo que estén con nosotros.