El dinero

El dinero

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ah!, sí, terminó… No hacen más que reñir entre sí.

Y explicó entonces cómo, debido a la tesitura adoptada por el diputado de la oposición, que no cesaba de hablar, con seguridad que Rougon no podría contestar hasta el día siguiente. Por eso, a la vista de aquel panorama, se había aventurado a abordar al ministro, durante un corto receso de la sesión y forzando un encuentro en los pasillos.

—Bueno, ¿y qué? —preguntó Saccard nerviosamente—, ¿qué es lo que dijo mi ilustre hermano?

Huret no puso prisa en contestar.

—¡Oh!, estaba de un humor de perros… Le confieso que ya contaba con esa exasperación en que le veía sumido; y esperaba incluso una reacción por su parte enviándome simplemente a paseo… El caso es que le solté el paquete, hablándole de su asunto y diciéndole que usted no quería emprender nada sin su aprobación.

—¿Y entonces, qué?

—Pues entonces, me cogió por los dos brazos, y estuvo dándome sacudidas, mientras me gritaba en pleno rostro: «¡Que intente ahorcarse si quiere!». Y me dejó plantado allí mismo.

Saccard, que se había quedado pálido, esbozó una risa forzada.

—Tiene gracia la cosa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker