El dinero
El dinero —Entonces —dijo—, su conclusión es que precisa resignarse, puesto que todo está asà concebido en el plan de la naturaleza… Y en eso tiene usted razón, la vida no es muy limpia que digamos.
Y le invadió una auténtica bravura, ante la idea de que cada paso hacia delante habÃa sido dado por entre la sangre y el fango. Necesitaba querer. A lo largo de las paredes, sus ojos no habÃan dejado de observar los planos y los dibujos, y el porvenir se evocaba en ellos, puertos, canales, carreteras, ferrocarriles, campiñas con inmensas granjas y equipadas como fábricas, ciudades nuevas, sanas e inteligentes, en las que se conseguirÃa una vida larga y consciente.
—Vamos, vamos —repuso ella alegremente—, estoy viendo que, como siempre, tendré que ser yo quien ceda… Tratemos de hacer un poco el bien, para que se nos perdone.
Su hermano, silencioso hasta aquel momento, se habÃa ido acercando y la dio un abrazo. Ella le amenazó entonces con el dedo.
—¡SÃ, sÃ!, lo que tú estás hecho es un seductor. Pero te conozco… Mañana, cuando nos abandones, no te preocupará gran cosa saber lo que pasa aquÃ; y, una vez allá, en cuanto te encuentres ensimismado en tus trabajos, todo irá bien para ti, soñarás con el triunfo, y mientras tanto quizás esté crujiendo el negocio bajo nuestros pies.