El dinero
El dinero Una tarde, volviendo de la Bolsa, el propio Saccard experimentó esa sensación, que le dejó sorprendido. Esto le sirvió de consuelo en cierto modo respecto a los dorados que encontraba a faltar; y no pudo menos que testimoniar su contento a la señora Carolina.
—Qué quiere que le diga, para comenzar, resulta agradable y acogedor. Se dirÃa que está uno en familia, es una auténtica capillita. Más adelante, ya se verá… Gracias, mi buena amiga, por las molestias que se toma desde que su hermano está ausente.
Y, como tenÃa por principio aprovechar las circunstancias imprevistas, se las ingenió desde entonces para desenvolver aquella austera apariencia de la casa; exigiendo de sus empleados unos modales propios de jóvenes oficiantes; ya no se habló allà más que con voz mesurada, ni se recibÃa o entregaba dinero si no era haciéndolo con una discreción enteramente clerical.