El dinero
El dinero Desbordaron las lágrimas de sus ojos, escurriéndose por sus marchitas mejillas.
—Escúchame, Magdalena, escucha…
La niñita, tan pálida con su camisa de nieve, sin dejar de lamer golosamente sus rebanadas con la punta de la lengua, levantó la cabeza y dio muestras de prestar atención.
—Cada noche, antes de dormir en tu cama, juntarás tus manitas asÃ, y dirás: «Dios mÃo, haced que el señor Saccard sea recompensado por su bondad, que tenga largos años de vida y que sea dichoso…». ¿Lo oyes, me lo prometes?
—SÃ, mamá.