El dinero
El dinero —Estimo no adeudarle nada, y no estoy dispuesta a darle ni un solo céntimo… Además, el señor me ha puesto en guardia, prohibiéndome del modo más absoluto que dé ningún paso en favor suyo.
Entonces, Carlos se adelantó con gesto amenazador.
—¡Ah!, de modo que el señor ha dicho eso; tenÃa mis dudas, pero crea que ha hecho mal, porque nos vamos a reÃr… No soy tan tonto para no darme cuenta de que la señora era la querida…
Sonrojándose, la señora Carolina se levantó y quiso echarle. Pero, sin darle tiempo para ello, continuó hablando en un tono más fuerte:
—Y es posible que agrade a la señora saber adónde va el señor, de cuatro a seis, dos o tres veces por semana, cuando está seguro de encontrar sola a la persona en cuestión…
De repente, la señora Carolina se puso muy pálida; toda su sangre afluÃa al corazón. Con violento gesto, intentó que el tipo se tragara la información que ella se empeñaba en ignorar desde hacÃa dos meses.
—Le prohÃbo en absoluto…
Sólo que la voz del individuo era más fuerte que la suya.