El dinero
El dinero —Se trata de la señora baronesa de Sandorff… El señor Delcambre mantiene relaciones con ella, y para disfrutarla más a gusto, ha alquilado una plantita baja de la calle Caumartin cerca del cruce con la de Saint-Nicolas, en una casa donde existe una fruterĂa… Por consiguiente, cuando va allĂ el señor, encuentra la plaza todavĂa caliente…
Ella habĂa alargado el brazo hacia la campanilla para que echaran a aquel hombre, pero comprendiĂł en seguida que Ă©ste habrĂa seguido hablando ante la servidumbre.
—¡Oh!, ¡cuando digo caliente!… Precisamente tengo allĂ a una amiga, Clarisa, la doncella, que ha tenido ocasiĂłn de verlos juntos, y que ha visto tambiĂ©n a su querida, un verdadero tĂ©mpano, hacerle un sinfĂn de porquerĂas…
—¡Cállese, desdichado!… ¡Tenga!, aquà tiene sus quince francos.
Y, con un gesto de indecible desagrado, le entregó el dinero, comprendiendo que ésa era la única forma de echarlo. E, inmediatamente, en efecto, el tipo aquel recobró sus buenos modales.
—No deseo otra cosa que el bien de la señora… La casa en la que hay una fruterĂa. La escalinata al fondo del patio… Estamos a jueves, son las cuatro, si la señora quiere sorprenderles…