El dinero
El dinero Entretanto ella le empujaba hacia la puerta, sin despegar los labios, lÃvida.
—Tanto más que hoy la señora podrÃa presenciar algo realmente divertido… ¡Como que en otro caso iba a permanecer Clarisa en semejante cobijo! Y, cuando se han tenido buenos maestros, se les deja un pequeño recuerdo, ¿no es eso?… Buenas tardes, señora.
Por fin, se marchó. La señora Carolina, permaneció inmóvil durante unos segundos, buscando razonar, comprendiendo que una escena parecida amenazaba a Saccard. Luego, sintiéndose sin fuerzas, lanzando un fuerte suspiro, medio se derrumbó sobre su mesa de trabajo; y las lágrimas que la ahogaban, retenidas durante tanto tiempo, resbalaron por sus mejillas.