El dinero
El dinero —Tengo una cita, les dejo —dijo cogiendo su sombrero—. Pero, estamos de acuerdo en todo, ¿no es eso? Dentro de ocho dÃas el consejo de administración, e, inmediatamente después, la junta general extraordinaria para votar.
Cuando la señora Carolina y Hamelin se encontraron solos, cohibidos y cansados, permanecieron unos momentos silenciosos, mirándose cara a cara.
—¿Qué quieres que te diga? —manifestó él finalmente, respondiendo a las secretas reflexiones de su hermana—, estamos metidos en ello, y sólo nos queda continuar. Tiene razón cuando dice que constituirÃa una ingenuidad por nuestra parte rehusar esa fortuna… Yo, jamás me consideré otra cosa que un hombre de ciencia que lleva el agua al molino; y la traje además, creo yo, clara, abundante, en forma de magnÃficos negocios a los que debe la casa su prosperidad tan rápida. Entonces, puesto que ningún reproche puede alcanzar a mi persona, ¡no nos desanimemos y sigamos trabajando!
Ella, habÃa abandonado su silla, vacilante y entre balbuceos.
—¡Oh!, todo ese dinero… todo ese dinero…