El dinero
El dinero Y, ahogada por una emoción invencible, ante la idea de los millones que se les venÃan encima, se colgó al cuello del hermano, poniéndose a llorar. Su reacción obedecÃa sin duda al gozo, a la dicha de verle al fin dignamente recompensado por su inteligencia y por sus trabajos; pero también tenÃa su fundamento en el dolor, en una pena cuya causa no habrÃa podido concretar a ciencia cierta, y en la que habÃa como vergüenza y miedo a la vez. Siguió él hablándola en tono de broma, afectaron ambos estar aún alegres, y sin embargo el malestar les quedaba dentro, algo asà como un sordo descontento de sà mismos, el reproche inconfeso de una complicidad manchadiza.
—SÃ, tiene razón —repitió la señora Carolina—, todo el mundo hace lo mismo. Asà es la vida.