El dinero
El dinero Aquel dÃa, a pesar de la excepcional importancia de la sesión, el consejo fue despachado por lo demás con la misma rapidez que los otros dÃas. HabÃa llegado a convertirse en un hábito: no se trabajaba realmente más que en las pequeñas reuniones del 15, y las grandes reuniones de fin de mes sancionaban simplemente las resoluciones, con gran aparato. La indiferencia de los administradores era tal, que, ante la preocupación de que el texto de las actas fuera siempre el mismo, sobre la base de una constante vulgaridad en la aprobación unánime, se hizo necesario imaginar en los miembros preconcebidos escrúpulos, observaciones diversas, toda una discusión imaginaria, en fin, que a ninguno asombraba oÃr leer durante la siguiente sesión, y que firmaban sin la menor risa.
Daigremont se habÃa acercado precipitadamente para estrechar la mano de Hamelin, sabiendo las buenas, las grandes noticias que traÃa.
—¡Ah!, mi querido presidente, ¡cuán feliz me siento pudiendo felicitarle!