El dinero
El dinero Transcurrieron una serie de días, llegó la segunda quincena de noviembre, y Saccard aplazaba cada mañana la visita, aturdido por el torrente que le arrastraba. El cambio de dos mil trescientos francos acababa de ser superado; y él por su parte, se sentía más que satisfecho, pese a notar en la Bolsa la aparición de cierto movimiento de resistencia, que iba acentuándose a medida que aumentaba el loco ritmo del alza: evidentemente, había un grupo de jugadores a la baja que tomaban posiciones, entablando la lucha, tímidos aún y a través de simples escaramuzas de vanguardia. Y, en dos ocasiones, se creyó obligado a dar órdenes de compra, por mediación de sus testaferros, para que la marcha ascensional de los cambios no fuese alterada. El sistema de la sociedad comprando sus propios títulos, jugando con ellos, devorándose a sí misma, había empezado a funcionar.
Una noche, desbordado por su propia pasión, Saccard no pudo menos que hablar a la señora Carolina.
—Tengo el convencimiento de que todo esto va a caldearse más de la cuenta. ¡Oh!, somos por lo visto bastante fuertes, les estorbamos demasiado… Me estoy oliendo a Gundermann, ésta es su táctica: va a proceder a ventas regulares, tanto hoy, tanto mañana, aumentando cada vez la cifra hasta que consiga perturbarnos…
Ella le interrumpió con su voz grave.
—Si tiene acciones del Universal, tiene motivo para vender.