El dinero
El dinero Entonces, la baronesa, que notaba cómo se iba desligando, volvió a caer en sus ignorantes reacciones y dudas de otros tiempos. Desde que le venía confesando en sus horas íntimas, siempre o casi siempre jugaba a golpe seguro, ganaba mucho, ayudada en buena parte por su propia suerte. Hoy, en cambio, se daba perfecta cuenta de que se negaba a contestarle, temía incluso que le mintiera dándole informes falsos; y, sea porque cambiara el signo de la suerte, bien porque, en efecto, divirtiera a Saccard, eso de lanzarla sobre una pista falsa, el caso es que la baronesa perdió, siguiendo uno de sus consejos. Su fe se vio desquiciada. Si la despistaba de aquella manera, ¿quién la guiaría ahora? Y lo peor era que, la agitación en la Bolsa, aquel movimiento de hostilidad, al principio tan ligero, aumentaba de día en día con el Universal. No se trataba aún más que de simples rumores, no se formulaba nada preciso, ningún hecho empañaba la solidez de la casa. Dejábase entender únicamente que algo debía haber, que el gusano había penetrado en el fruto. Lo que no impedía por otra parte que se acentuara enormemente el alza de los títulos.
A raíz de una operación fallida, referente a fondos italianos, la baronesa, decididamente inquieta, decidió acercarse a la redacción de La Esperanza, para intentar hacer hablar a Jantrou.