El dinero
El dinero —Si le conoce, tanto mejor… Vaya a verle con un pretexto cualquiera, hable con él, trate de ser su amiga… Fuerce un poco la imaginación: ¡ser la amiga cordial de Gundermann, gobernar el mundo!
Y todo era hacer bromas por su parte, a través de imágenes licenciosas que evocaba con una serie de gestos, pues la frialdad del judÃo, de todos conocida, nada serÃa más complicado ni difÃcil que llegar a seducirlo. La baronesa, habiendo comprendido, esbozó una muda sonrisa, sin mostrar enfado.
—Pero —volvió a repetir—, ¿por qué Gundermann?
Y le explicó entonces a la baronesa, cómo, sin duda alguna, este último figuraba a la cabeza del grupo de jugadores a la baja que empezaba a maniobrar contra el Universal. Eso sà le constaba, y tenÃa en su mano la prueba. Puesto que Saccard no se comportaba correctamente, ¿no aconsejaba la más elemental prudencia, ponerse a bien con su adversario, sin romper abiertamente con él? De ese modo, resultarÃa posible tener un pie en cada campo, y estarÃa segura de hallarse, el dÃa de la batalla, en compañÃa del vencedor. Y, esa traición la proponÃa con gesto amable, simplemente como hombre habituado a dar buenos consejos. Si una mujer trabajaba para él, dormirÃa bien tranquilo.