El dinero
El dinero Para poder conversar más tranquilos, decidió finalmente llevarse a la baronesa al comedor, donde ya estaba puesta la mesa. No se llamaba desde luego a engaño respecto de lo de la rifa de beneficencia, pues sabÃa los lazos que la unÃan a Saccard, gracias a una policÃa muy cumplida que le informaba sobre el particular, y sospechaba con fundamento que algún interés grave la habÃa impelido a dar aquel paso. Pero, no por ello se molestó.
—Ande, explÃqueme ahora lo que tenga que decirme.
Ella simuló entonces quedar sorprendida.
—Nada tenÃa que decirle, sino darle simplemente las gracias por su generosidad.
—¿Asà pues, no traÃa usted ningún encargo para mÃ?
Y pareció sentirse frustrado, como si por unos momentos hubiera creÃdo que venÃa con alguna misión secreta de Saccard, con alguna invención de aquel loco.
Ahora que se hallaban solos, ella le miraba sonriente, con su aire apasionado y al propio tiempo engañador, que tan inútilmente excitaba a los hombres.
—No, no, nada tengo que decirle; pese a lo cual y puesto que tan bondadoso se muestra, más bien tendrÃa algo que pedirle.