El dinero
El dinero Se habĂa ido reclinando hacia Ă©l, y le rozaba las rodillas con sus enguantadas manos. Y empezĂł a confesársele, contando su deplorable matrimonio con un extranjero que nada habĂa comprendido de su idiosincrasia, ni de sus necesidades; explicándole despuĂ©s cĂłmo habĂa tenido que cobijarse en el juego para no descender en su posiciĂłn social. Le hablĂł en fin de su soledad, de la necesidad en que se hallaba de ser aconsejada, dirigida en aquel amedrentador terreno de la Bolsa, donde tan caro resultaba cualquier paso en falso que se llegue a dar.
—Pero —se interrumpió Gundermann—, yo creà que contaba ya con alguien.
—¡Oh!, ¡alguien, alguien! —murmurĂł ella entonces con un gesto de profundo desprecio—. No, no, Ă©se no es nadie, en verdad que no tengo a nadie… Es con usted que querĂa contar, el amo, el dios. Y estimo que no le costarĂa gran cosa ser mi amigo, decirme una palabra, nada más que alguna palabra de tarde en tarde. Si supiera lo feliz que me harĂa y cuánto iba a agradecĂ©rselo, ¡oh!, con todo mi ser.