El dinero
El dinero —Como usted sabe, estamos ya a dos mil quinientos —continuĂł diciendo Natalia—. Soy yo quien se ocupa de las cuentas, pues papá apenas sabe escribir… AsĂ pues, con nuestras ocho acciones, esa inversiĂłn nos produce ya veinte mil francos. ÂżEh?, ¡quĂ© hermosura!… Al principio, papá querĂa parar al llegar a los mil ochocientos, porque esa cifra satisfacĂa sus cálculos: seis mil francos para mi dote, y doce mil para Ă©l, una rentita de seiscientos francos, que se tendrĂa bien ganada con todas las emociones sufridas… Pero es una suerte, Âżverdad?, el que no haya vendido, puesto que ahora se encuentra con dos mil francos más… Y en este momento queremos superar esa cantidad, aspiramos a una renta de, por lo menos, mil francos. Y la tendremos desde luego; el señor Saccard, bien nos lo ha asegurado… ¡QuĂ© persona tan amable es el señor Saccard!
Marcela no pudo evitar sonreĂrse.
—¿Por lo visto ya no se casa usted?