El dinero
El dinero —Le estaba diciendo, querido, que vine para notificarle un aviso desinteresado… Y aquà lo tiene. Sea cuerdo, su hermano está furioso, y le abandonará abiertamente, si se deja usted vencer.
Saccard, refrenando su cólera, se quedó sin chistar.
—¿Y es él mismo quien le envÃa para decirme todo eso?
Después de unos instantes de vacilación, el diputado estimó preferible confesarlo todo.
—Pues bien, sÃ, él ha sido… ¡Oh!, y no se imagine que los ataques de La Esperanza, tienen algo que ver con su irritación… Se considera muy por encima de esas heridas de amor propio… ¡No!, pero, la verdad sea dicha, piense usted en lo mucho que tiene que importunar a su polÃtica actual la campaña católica de su diario. Desde que surgieron las desdichadas complicaciones de Roma, tiene a todo el clero de espaldas, e incluso acaba de verse obligado a hacer que condenaran a un obispo como autor de un delito de abusos… Y para atacarle, ha ido usted a escoger precisamente el momento en que está realizando los mayores esfuerzos posibles para no dejarse desbordar por la evolución liberal, nacida de las reformas del 19 de enero, que ha consentido en aplicar, como se dice, con el único deseo de encauzarlas prudentemente… Vamos a ver, se trata de su hermano, ¿cree usted que tiene motivos para estar contento?