El dinero
El dinero Se habĂa sentado a la mesa para firmar un cheque, cuando de repente se detuvo como reflexionando. Recordaba la carta que habĂa recibido, la visita que se proponĂa hacer y que iba aplazando de dĂa en dĂa, ante la repugnancia que le ocasionaba la sucia historia que presentĂa. ÂżPor quĂ© no ir inmediatamente a la calle Feydeau, aprovechando la ocasiĂłn, teniendo a mano un pretexto para hacerlo?
—Escúcheme, conozco a fondo al tunante ese… Será mejor que vaya a pagarle en persona para ver si de ese modo consigo recuperar sus pagarés a mitad de precio.
En aquel instante, los ojos de Marcela brillaban de gratitud.
—¡Oh!, señor Saccard, ¡cuán bueno es usted!
Y dirigiéndose a su marido:
—¡Estás viendo gran tonto cómo el señor Saccard no nos ha comido!
Y él entonces, saltando a su cuello la dio un fuerte beso, agradeciéndole de todo corazón que fuera más enérgica y acertada que él, frente a las dificultades de la vida que le paralizaban.
—¡No!, ¡no! —dijo Saccard cuando el joven le estrechĂł finalmente la mano—, el placer es mĂo, viendo lo felices que son y lo mucho que se aman. ¡Váyanse tranquilos!