El dinero
El dinero Acordóse él de repente; iba a poder tomarse el desquite. Pero, todo cuanto tenÃa previsto, su relato, sus preguntas, el esquema sabiamente preparado de la conversación, se le fue de pronto de la imaginación, en su prisa por abordar el hecho.
—El asunto, ¡es verdad!… Le he escrito, señor Saccard. Ahora tenemos que arreglar juntos una antigua cuenta…
HabÃa alargado el brazo para coger el expediente Sicardot, que abrió delante de él.
—En 1852, estuvo usted en un hotel de citas en la calle de la Harpe, donde firmó doce pagarés de cincuenta francos a una jovencita llamada RosalÃa Chavaille, de dieciséis años, a la que, una noche, habÃa violado en la escalera… Los pagarés en cuestión, aquà los tiene. No llegó a pagar ninguno, por haber marchado sin dejar las señas, antes de que venciera el primero de ellos. Y lo peor del caso es que están suscritos con un nombre falso, Sicardot, que es como se llamaba su primera mujer…
Muy pálido, Saccard escuchaba, miraba. En medio de un sobrecogimiento indescriptible, era todo un pasado lo que evocaba; una sensación de derrumbamiento producÃase en él, como si una masa enorme y confusa se le precipitase encima. PoseÃdo de ese miedo propio del primer instante, perdió la cabeza y empezó a balbucear.