El dinero
El dinero Un dÃa en que Saccard exhalaba de ese modo su descontento delante de la señora Carolina, estimó ésta un deber decÃrselo todo.
—Sepa usted, amigo mÃo, que también yo vendÃ… Acabo de vender nuestras últimas mil acciones al cambio de dos mil setecientos.
Quedóse anonadado, como si se hallara ante la más negra de las traiciones.
—¿Que ha vendido usted?, ¡usted, Dios mÃo!
Le habÃa cogido las manos, que apretaba entre las suyas, realmente afligida, recordándole que ella y su hermano ya se lo advirtieron. Este último, que seguÃa estando en Roma, escribÃa unas cartas plagadas de mortal inquietud por tan exagerada alza, que no se explicaba en forma alguna, y que se debÃa frenar a cualquier precio, so pena de un derrumbamiento en el vacÃo. No más lejos que la vÃspera, habÃa recibido la hermana una carta suya en la que le daba orden formal de venta. Y ella habÃa vendido.
—¡Usted, usted! —repetÃa Saccard—. ¡Era usted la que me combatÃa y a quien presentÃa en la sombra! ¡Son sus acciones las que me vi forzado a comprar de nuevo!