El dinero
El dinero Según costumbre, no se dejaba arrebatar por su pasión, y ella sufrÃa más aún con su abatimiento; hubiera querido más bien poderle razonar, hacerle abandonar esa lucha sin tregua, que sólo podÃa acabar con una hecatombe.
—Escúcheme, amigo mÃo… Piense por un momento que nuestros tres mil tÃtulos han producido más de siete millones y medio. ¿No le parece una ganancia inesperada, y desde luego extravagante? Por lo que a mà se refiere, ese dinero me causa espanto, ni siquiera puedo creer que me pertenezca… Pero es que, además, no se trata sólo de nuestro interés personal. Piense usted en los intereses de todos aquellos que se desprendieron de su fortuna poniéndola en sus manos, un espanto montante de millones que arriesga en la partida. ¿Por qué sostener esa alza insensata, por qué estimularla incluso? Se me dice por todos lados que, como algo fatal, la catástrofe vendrá a ser la meta… No puede seguir subiendo siempre, ninguna vergüenza implica que los tÃtulos recobren su valor real; y ello significarÃa sobre todo la solidez de la casa, su salvación.
Con gesto violento, Saccard, se habÃa puesto en pie.
—Quiero alcanzar el cambio de tres mil… Compré y seguiré comprando aún, a reserva de reventar… ¡SÃ!, ¡que me hunda si es preciso, que todo se hunda conmigo, si no alcanzo y mantengo el cambio de tres mil!