El dinero
El dinero —Se dice que para abril estaremos en guerra… La cosa no puede acabar de otro modo, con tales formidables armamentos. Alemania no quiere dejarnos tiempo para aplicar la nueva ley militar que va a votar la Cámara… Y, por otra parte, Bismarck…
Pillerault soltó la carcajada.
—¡Déjeme en paz, usted y su Bismarck!…
—Aquà donde usted me ve, estuve el último verano hablando cinco minutos con él, cuando vino por aquÃ. Tiene aspecto de buen chico… Si no está usted contento, después del aplastante éxito de la Exposición, ¿qué más quiere? ¡Eh!, mi querido amigo, Europa entera es nuestra.
Moser entonces movió desesperadamente la cabeza. Y, en frases a cada momento interrumpidas por los empellones de la multitud, siguió exponiendo sus temores. La situación del mercado era demasiado próspera, de una prosperidad pletórica que carecÃa de valor, no superior desde luego al de la grasa sobrante de las personas demasiado gruesas. Gracias a la Exposición, muchos negocios habÃan prosperado en demasÃa, desbordándose los apasionamientos, hasta llegar a la pura demencia del juego. ¿No era una locura, por ejemplo, que se cotizasen las acciones del Universal a tres mil treinta?
—¡Vaya!, ¡ya volvemos a estar con lo mismo! —gritó Pillerault. Y, hablándole casi al oÃdo, acentuando cada sÃlaba, añadió: