El dinero
El dinero —¡Ah! —continuĂł hablando mientras designaba con el mentĂłn a un hombre grueso que en aquellos momentos pasaba por allĂ—, si Ă©se quisiera hablar, mi intranquilidad desaparecerĂa. Tiene perspicacia y ve claro.
El hombre en cuestiĂłn era el cĂ©lebre Amadieu, que seguĂa viviendo de su acierto en el asunto de las minas de Selsis: unas acciones compradas a quince francos, en un gesto de imbĂ©cil testarudez, revendidas más tarde con un beneficio de millones, sin haber previsto ni calculado nada, obrando simplemente al azar. Se le veneraba por sus grandes dotes financieras, una verdadera corte le seguĂa, tratando de sorprender sus más insignificantes palabras y orientando despuĂ©s su juego en el sentido que Ă©stas parecĂan indicar.
—¡Bah! —exclamĂł Pillerault, entregado por entero a su teorĂa favorita de la temeridad—, lo mejor despuĂ©s de todo es seguir la inspiraciĂłn de uno mismo, a la ventura… No existe más que el factor suerte. Se tiene o no se tiene. ÂżPara quĂ© detenerse entonces a reflexionar? Por lo que a mĂ se refiere, cada vez que intentĂ© hacerlo, estuve a punto de fracasar… ¡FĂjense!, mientras vea que ese señor sigue firme en su puesto, con ese aire atrevido del que quiere comĂ©rselo todo, seguirĂ© comprando.