El dinero
El dinero —Cierto —replicó el joven, que habÃa vuelto a su gravedad—. Nos encontramos en el perÃodo de transición, en la época de la agitación. Es posible que haya violencias revolucionarias, que a menudo son inevitables. Pero las exageraciones y los arrebatos serán pasajeros… ¡Oh, no trato de ocultarme las inmensas dificultades inmediatas! Todo este porvenir soñado parece imposible; no puede darse a la gente una idea razonable de esta sociedad futura, de esta sociedad de justo trabajo, cuyas costumbres serán tan diferentes de las nuestras. Será como otro mundo en otro planeta… Y, por otra parte, hay que reconocer que la reorganización todavÃa no está a punto y que seguimos indagando. Yo, que apenas duermo, agoto en ello mis noches. Por ejemplo, es verdad que se nos puede decir que si las cosas son tal como son, es porque la lógica de las acciones humanas las ha hecho asÃ. De tal modo, qué trabajo ha de exigir remontar el rÃo hasta su fuente y conducirlo hacia otro valle. Es verdad que la sociedad actual debe su prosperidad secular al principio del individualismo, al que la emulación y el interés personal dan una fecundidad de producción incesantemente renovada. ¿Llegará algún dÃa el colectivismo a esta fecundidad? ¿Y por qué medios podrá activarse la función productiva del trabajador, cuando quede destruida la idea del beneficio? Ahà está, para mÃ, la angustia, la duda, el terreno movedizo, donde es preciso que nos batamos, si queremos que se decida algún dÃa la victoria del socialismo… Pero venceremos, porque nosotros somos la justicia. Mire, ahà tiene usted ese monumento… ¿Lo ve usted?