El dinero
El dinero Pero, sobre todo, lo que más impresionó a Saccard por su afición a lo grande y fastuoso, fue el lujo desplegado, la inmensidad de la construcción, edificada con materiales que desafiarían el paso de los siglos: mármoles por doquier, una cocina revestida de azulejos donde podría haberse guisado un buey entero, refectorios gigantescos con ricos artesonados de roble, amplios dormitorios inundados de luz, con pinturas de claros tonos, una lencería, una sala de baños, una enfermería instalada con toda clase de refinamientos y, por doquier, anchurosas salidas, escaleras y pasillos, aireados en verano y dotados de calefacción en invierno. La casa toda aparecía bañada por el sol, que la daba una alegría juvenil, junto al bienestar facilitado por el abundante dinero.