El dinero

El dinero

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando el arquitecto, inquieto por aquella inútil magnificencia, la habló de los gastos, la princesa le detuvo con unas palabras: ella había disfrutado de grandes lujos y quería dárselos semejantes a los pobres, para que ellos, que permitían la opulencia de los adinerados, gozasen a su vez del mismo bienestar. Su idea fija consistía en saciar a los miserables, hacer que durmiesen en camas adecuadas y permitir que tomaran asiento ante la mesa como la gente dichosa, sin pensar en la limosna de un mendrugo de pan y la caridad casual, sino en una vida holgada en palacios que serían de su propiedad, que les permitiera gozar de los placeres de los triunfadores. Pero, en medio de tal derroche y de tan enormes gastos, había sido robada ignominiosamente, todo un enjambre de contratistas vivía de ella, sin contar con las pérdidas ocasionadas por la falta de vigilancia, y, en realidad, se dilapidaba el patrimonio de los menesterosos. Fue Saccard quien, entonces, la abrió los ojos, rogándole que le permitiera poner en claro las cuentas, naturalmente de forma desinteresada, por la sola satisfacción de normalizar aquella loca danza de millones, que le entusiasmaba. En su vida se había mostrado tan escrupulosamente honesto, y en aquel colosal y complicado negocio, fue el más activo y más íntegro de los colaboradores, haciendo entrega de su tiempo e incluso de su dinero, por la simple recompensa de gozar manejando las considerables sumas que había de administrar. Apenas se conocía a nadie más que a él en la Obra del Trabajo, adonde la princesa no iba nunca, lo mismo que hacía con las restantes instituciones, oculta en el fondo de sus tres piezas, como una invisible diosa de la bondad, mientras él era adorado y bendecido, abrumado por la gratitud que ella parecía querer rechazar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker