El dinero
El dinero Cada vez que la encontraba, Saccard, más bajo que ella, la seguía con la mirada, interesado y deseando ocultamente su esbelta figura y su aspecto sano. Poco a poco, se enteró por el vecindario de la historia de los Hamelin, Carolina y Jorge. Eran hijos de un médico de Montpellier, notable sabio y católico exaltado, que murió sin dejar fortuna. Cuando el padre falleció, Carolina tenía dieciocho años y su hermano, diecinueve, y como éste acababa de ingresar en la Escuela Politécnica, ella le siguió a París, donde se colocó de institutriz. Ella fue quien le dio de vez en cuando alguna moneda de cien sueldos y le proveyó de dinero para sus gastos menudos durante los dos años de sus estudios. Más tarde, cuando se graduó con una calificación más bien baja y tuvo que esforzarse hasta encontrar trabajo, fue ella, una vez más, quien le mantuvo, a la espera de que se crease una situación. Los dos hermanos se querían entrañablemente y pensaban no separarse nunca. Sin embargo, se presentó un inesperado matrimonio, pues la gracia y la inteligencia de la muchacha conquistaron al cervecero millonario en cuya casa se había colocado. Jorge le aconsejó que aceptara, de lo que más tarde hubo de arrepentirse, ya que, al cabo de unos años de casada, Carolina se vio obligada a pedir la separación, para que su marido no la matase, cuando en las crisis de estúpidos celos que tenía al embriagarse, la perseguía empuñando un cuchillo. Tenía entonces veintiséis años y volvió a hallarse en la pobreza, obstinada en no reclamar pensión alguna del hombre que dejaba.