El Paraíso de las damas

El Paraíso de las damas

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XII

El 25 de septiembre dieron comienzo las obras de la nueva fachada de El Paraíso de las Damas. El barón Hartmann, cumpliendo con su promesa, había sacado adelante el asunto en la última reunión general del Banco de Crédito Inmobiliario. Al fin tenía Mouret a su alcance la consumación de su sueño: aquella fachada, que iba a alzarse en la calle de Le Dix-Décembre, era como el testimonio de su floreciente fortuna. Quiso, pues, celebrar la colocación de la primera piedra. Organizó una ceremonia, repartió gratificaciones entre los empleados, y mandó que les sirvieran en la cena caza y champaña. En el tajo, todos notaron que estaba de excelente humor, así como el victorioso ademán con el que blandió la paleta para sellar la piedra. Llevaba varias semanas de desasosiego, presa de un atormentado nerviosismo que no siempre conseguía disimular; y aquel triunfo daba tregua y aportaba distracción a su sufrimiento. Durante toda la tarde, pareció haber recobrado su alegría de hombre rebosante de salud. Pero ya a la hora de la cena, cuando cruzó el refectorio para tomar una copa de champaña con sus empleados, éstos lo notaron otra vez febril, con la sonrisa forzada, demacrado por el mal no confesado que lo reconcomía. Había vuelto a recaer.



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