El sueño
El sueño La niña seguía mirando sin reflexionar aquella venerable morada de maestro artesano bien cuidada, y estaba leyendo, clavada a la izquierda de la puerta, una muestra amarilla con las palabras Hubert casullero[18] escritas con viejas letras negras cuando otra vez atrajo su atención el ruido de un postigo que se cerraba. Se trataba ahora del postigo de la ventana cuadrada de la planta baja: se asomaba a su vez un hombre de rostro atormentado, nariz aguileña, frente abollada, coronada de cabellos espesos y ya canosos, a pesar de que apenas debía de tener unos cuarenta y cinco años. El también se quedó pensativo durante un instante examinándola, con un pliegue doloroso en su boca grande y tierna. Después, la niña vio que seguía de pie, tras los pequeños cristales verdosos. Se giró, hizo un gesto y reapareció su mujer, muy bella. Los dos, uno junto al otro, permanecían allí inmóviles, sin apartar los ojos de ella, con una mirada profundamente triste.