El sueño
El sueño Hacía cuatrocientos años que el linaje de los Hubert, bordadores de padres a hijos, habitaba aquella casa. Un maestro casullero la había mandado construir bajo el reinado de Luis XI[19], y otro, reparar bajo el de Luis XIV; el Hubert actual bordaba allí casullas, como todos los de su casta. A los veinte años se había enamorado de una muchacha de dieciséis, Hubertine, tan apasionadamente que, ante la oposición de la madre, viuda de un magistrado, la raptó y se casó después con ella. Su belleza era maravillosa: ésa fue toda su historia de amor, su alegría y su desgracia. Cuando, ocho meses más tarde, acudió encinta al lecho de muerte de su madre, ésta la desheredó y la maldijo, de forma que el niño, que nació esa misma noche, murió. Desde entonces, en el cementerio, en su sepulcro, la burguesa obcecada seguía sin perdonar, porque la pareja ya no había tenido más hijos a pesar de que lo deseaban ardientemente. Veinticuatro años más tarde, seguían llorando al que habían perdido y ahora desesperaban ya de convencer a la difunta.