El sueño
El sueño Él la escuchaba embelesado. Se sentÃa embriagado por la dulzura de su voz, que tenÃa un encanto extremado y era penetrante y prolongada. DebÃa de ser especialmente sensible a aquella música humana, porque su acariciadora inflexión sobre determinadas sÃlabas le humedecÃa los ojos.
—¡Ah! —dijo, interrumpiéndose—. ¡Esas camisas estarán pronto secas!
A continuación, terminó sus confidencias, con esa necesidad ingenua e inconsciente de darse a conocer.
—El blanco es siempre bonito, ¿verdad? Algunos dÃas me harto del azul, del rojo, de todos los colores, mientras que el blanco es una alegrÃa completa de la que nunca me canso. Nada hiere en él, apetecerÃa perderse en él… TenÃamos un gato blanco con manchas amarillas y yo le pinté esas manchas. Quedaba muy bien, pero la pintura no aguantó… ¡Mire!, mi madre no lo sabe, pero guardo todos los restos de seda blanca, tengo un cajón lleno, para nada, sólo por el gusto de mirarlos y tocarlos de vez en cuando… Y tengo otro secreto, ¡muy grande éste! Todas las mañanas, cuando me despierto, hay alguien cerca de mi cama, ¡sÃ!, una blancura que se esfuma.