El sueño
El sueño —Escuche, buena mujer —dijo Félicien—, vaya a la calle Mayor, en la esquina de la calle Baja…
AngĂ©lique habĂa entendido: allĂ estaba la tienda de un zapatero. Lo interrumpiĂł enĂ©rgicamente, tan agitada que tartamudeaba palabras al azar.
—¡Pues vaya una compra inútil…! ¿Para qué…? Es mucho más sencillo…
Pero no lo encontraba, eso que era más sencillo. ÂżQuĂ© hacer? ÂżQuĂ© inventar para adelantarse en su limosna? Nunca hubiera creĂdo que le detestarĂa hasta ese punto.
—Diga que va de mi parte —prosiguió Félicien—. Pregunte…
VolviĂł a interrumpirle, repitiendo con ansiedad:
—Es mucho más sencillo…, es mucho más sencillo…
De repente, calmada, se sentó en una piedra, desató sus zapatos, se los quitó, se quitó incluso las medias, con mano rápida.
—¡Tenga! ¡Es tan sencillo! ¿Para qué molestarse?
—¡Ay!, señorita, ¡que Dios se lo pague! —gritĂł la tĂa Lemballeuse, examinando los zapatos, casi totalmente nuevos—. Los cortarĂ© por la parte superior para que le valgan… ¡Tiennette, da las gracias, desgraciada!