El sueño
El sueño —Precisamente —dijo FĂ©licien—, pensaba en ese bordado, sabĂa que la señorita habĂa recuperado el secreto… TodavĂa se puede ver un fragmento bastante hermoso en la sacristĂa.
Hubert se apasionĂł:
—SĂ, sĂ, es del siglo XV, lo bordĂł una de mis bisabuelas… Oro anudado. ¡Ah! No habĂa labor más hermosa, señor. Pero llevaba demasiado tiempo, costaba demasiado caro y requerĂa verdaderas artistas. Hace ya doscientos años que esa labor no se hace… Y si mi hija se niega, puede usted renunciar a ello, porque hoy en dĂa sĂłlo ella es capaz de realizar esa labor. No conozco a ninguna otra que tenga la agudeza visual y la destreza manual necesarias.
En cuanto empezaron a hablar del oro anudado, Hubertine habĂa adoptado una postura respetuosa. AñadiĂł, convencida:
—Es cierto, en veinte dĂas es imposible… Hace falta una paciencia de hada.