El sueño
El sueño Había actuado con suma torpeza y sólo entonces observó que ella estaba trabajando precisamente en los cabellos. Ante ella estaba el dibujo que él había hecho, pero pintado con tintes de acuarela, realzado con oro, con una suavidad de tonos de miniatura antigua, como si hubiese palidecido en un libro de horas[117]. Ella copiaba la imagen con la paciencia y la destreza del artista que pinta con lupa. Después de reproducirla con un trazo un poco grueso sobre raso blanco, muy tenso, forrado de una tela sólida, había cubierto el raso con hilos de oro pasados de izquierda a derecha, que acababan simplemente en los dos extremos, libres y en contacto todos ellos. Luego, utilizando esos hilos como una trama, los apartaba con la punta de su aguja para encontrar debajo el dibujo, seguía ese dibujo y cosía los hilos de oro con puntos de seda atravesados, que combinaba según los colores del modelo. En las partes de sombra, la seda ocultaba el oro por completo; en las de penumbra, las puntadas se espaciaban cada vez más; y la luz estaba hecha tan sólo de oro, que quedaba al descubierto. Era el oro anudado, el fondo dorado que la aguja matizaba con seda, un cuadro de colores fundidos, como caldeados por debajo por una gloria y un resplandor místico.