El sueño
El sueño ¿Qué esperaba? ¿Por qué no podía dormir? Ahora estaba segura: esperaba a alguien. Si había dejado de llorar era porque él iba a venir. Aquella claridad consoladora, que ahuyentaba la oscuridad de los malos sueños, lo anunciaba. Iba a venir y la luna mensajera sólo había entrado antes que él para iluminarlos con aquella luz de aurora. La habitación estaba cubierta de terciopelo blanco; podrían verse. Entonces, se levantó y se vistió: solamente un vestido blanco, el vestido de muselina[121] que llevaba el día del paseo por las ruinas de Hautecoeur. Ni siquiera anudó sus cabellos, que cubrieron sus hombros. Sus pies siguieron desnudos en sus zapatillas. Y esperó.