El sueño
El sueño —Seguro que el dÃa de tu boda no te lo tomarás tan en serio… ¿Eres tú, quizá, la que se casa?
—¡Claro que sÃ, soy yo! —respondió jovialmente.
Hubertine sonrió a su vez.
—Ya que la casa está preparada, deberÃamos subir a arreglarnos.
—En seguida, madre… Mire, ya tengo la cesta llena. Terminó de deshojar las rosas que se reservaba para lanzarlas al o de monseñor. Los pétalos llovÃan de sus dedos menudos, la cesta desbordaba, ligera, olorosa. Y desapareció por la estrecha escalera de la torrecilla diciendo con una gran sonrisa:
—¡Rápido! ¡Voy a ponerme guapa como un sol!