El sueño

El sueño

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La tarde avanzaba. Ahora, la fiebre activa de Beaumont-l’Église había amainado y una espera vibraba en las calles, dispuestas por fin, llenas de susurros de voces discretas. Con el sol oblicuo del atardecer, el intenso calor había disminuido y ya sólo caía del cielo pálido, entre las casas apretadas, una sombra tibia y fina de una tierna serenidad. El recogimiento era profundo, como si toda la vieja ciudad se convirtiera en una prolongación de la catedral. Sólo unos ruidos de coches subían de Beaumont-la-Ville, la ciudad nueva, a la orilla del Ligneul, donde muchas fábricas ni siquiera interrumpían su trabajo, desdeñosas de celebrar aquella solemnidad religiosa. A las cuatro en punto, empezó a sonar la gran campana de la torre norte, aquella cuyo vaivén sacudía la casa de los Hubert; en ese mismo instante, Angélique y Hubertine reaparecieron vestidas. Ésta llevaba un vestido de tela cruda, adornado con un modesto encaje de hilo, pero el talle tan joven, en su poderosa redondez, que parecía la hermana mayor de su hija adoptiva. Por su parte, Angélique se había puesto su vestido de seda blanca; y nada más, ni una joya en las orejas ni en las muñecas, nada más que sus manos desnudas, su cuello desnudo, nada más que el raso de su piel, que sobresalía de la tela ligera como una flor que se abre. Una peineta invisible colocada apresuradamente retenía apenas los bucles de sus cabellos revueltos rubios como el sol. Parecía ingenua y altiva, con una sencillez cándida, hermosa como un astro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker