El sueño
El sueño —SabÃa perfectamente que era demasiado pronto —dijo Hubertine.
Angélique sin contestar, murmuró:
—¡Qué grande es!
TenÃa la impresión de no conocer la iglesia, de que la veÃa por vez primera. Sus ojos se pasearon por las inmóviles hileras de sillas, dirigiéndose hasta el fondo de las capillas, donde sólo se adivinaban las lápidas sepulcrales debido a la oscuridad más pronunciada. Dio con la capilla Hautecoeur, reconoció la vidriera por fin reparada, con su san Jorge difuminado como vina visión en el dÃa agonizante. Y esto le produjo una gran alegrÃa.
En ese momento, un movimiento animó la catedral; la gran campana volvÃa a sonar.
—¡Ah! —dijo—. Aquà están, suben por la calle Magloire.
Esta vez era cierto. Una multitud invadió las capillas laterales, donde se notaba que minuto a minuto aumentaba la cercanÃa de la procesión. CrecÃa con los volteos de la campana, con el fuerte soplo que venÃa del exterior, por la puerta principal abierta de par en par. Dios regresaba.