El sueño
El sueño Eran tan grandes el orgullo impotente y la pasión por ser la más fuerte que agitaban su cuerpo de mujercita, que los Hubert se quedaron sobrecogidos. Ya no reconocían a la muchacha rubia, de ojos de color violeta y de largo cuello con la gracia de una azucena. Sus ojos se habían vuelto negros en su rostro airado y su cuello sensual se había hinchado con un mar de sangre. Ahora que había entrado en calor, se erguía y silbaba como una culebra recogida en la nieve.
—Entonces, ¿te vas a portar mal? —dijo en voz baja el bordador—. Si queremos saber quién eres, es por tu bien.
Mientras tanto, recorría con la mirada, por encima del hombro de su mujer, la cartilla que ésta hojeaba. En la página 2 se indicaba el nombre de la nodriza. «El 25 de enero de 1851 se confió la niña Angélique, Marie, a la nodriza Françoise, esposa del señor Hamelin, de profesión labrador, con domicilio en el municipio de Soulanges, distrito de Nevers[24]. A la salida, dicha nodriza recibió el primer mes de alimentación y una canastilla.» Había, a continuación, una fe de bautismo, firmada por el capellán del hospicio de niños asistidos, y certificados médicos correspondientes al ingreso y a la salida de la niña. El pago de las mensualidades, cada trimestre, llenaba más adelante cuatro páginas de columnas, en las que se repetía cada vez la firma ilegible del perceptor.