El sueño
El sueño —¡Cómo! ¡Nevers! —preguntó Hubertine—. ¿Te has criado cerca de Nevers?
Angélique, roja de ira por no haber podido impedir que leyeran, habÃa vuelto a caer en su mutismo huraño. Pero la cólera le despegó los labios y habló de su nodriza.
—¡Ah! ¡Seguro que mamá Nini os habrÃa dado unos azotes! Ella sà que me defendÃa, aunque también me soltaba alguna que otra bofetada… ¡Por supuesto que no era tan desgraciada allÃ, con los animales…!
Su voz se ahogaba, seguÃa hablando, con frases entrecortadas e incoherentes, de los prados a donde conducÃa a la Pelirroja, del camino grande donde jugaban, de las tortas que ponÃan a cocer, de un perro grande que le habÃa mordido.
Hubert la interrumpió leyendo en voz alta:
—«En caso de enfermedad grave o de malos tratos, el subinspector está autorizado a cambiar a los niños de nodriza».
Más adelante, se indicaba que se habÃa entregado a la niña Angélique Marie, el 20 de junio de 1860, a Thérèse, esposa de Luis Franchomme, ambos floristas, con domicilio en ParÃs.
—Ya entiendo —dijo Hubertine—. CaÃste enferma y te llevaron a ParÃs.