El sueño
El sueño —Madre, subo a mi habitación, estoy muy cansada.
Detrás de esa excusa, Hubertine adivinaba la verdadera razón, necesidad de estar a solas con su felicidad.
—Ven a darme un beso.
Cuando la tuvo entre sus brazos, se dio cuenta de que temblaba. Su beso de cada noche casi se escurrió. Entonces, muy seria, la miró a la cara, leyó en sus ojos la cita aceptada, la fiebre de acudir a ella.
—Sé buena, duerme bien.