El sueño
El sueño Ella esperaba una crisis de llanto y se sorprendió al verla sentarse de nuevo, muy pálida y tranquila. Acababan de despejar la vieja mesa de roble; una lámpara iluminaba la antigua sala, cuya paz sólo perturbaba la leve ebullición del escalfador.
—Madre, nada ha terminado… Cuéntemelo, tengo derecho a saber, ¿verdad? puesto que se trata de mis cosas.
Escuchó atentamente lo que Hubertine creyó poder decirle de cosas que sabía por el abad, saltándose algunos detalles, ocultando una vez más la vida a aquella ignorante.