El sueño
El sueño
Pasó una hora y Angélique caminaba con pasos lentos entre la ropa, totalmente blanca también ella por el reflejo cegador del sol; y una voz confusa se elevaba en su ser, crecÃa, le impedÃa ir allÃ, a la verja. Se asustaba ante aquella lucha que empezaba. ¿Qué pasaba? ¿Acaso habÃa en ella algo más que su voluntad? Otra cosa, que sin duda se habÃa interpuesto, se oponÃa a ella, trastornaba la sencillez de su pasión. Era tan sencillo correr hacia aquel al que se ama; y ella ya no lo podÃa hacer, pues el tormento de la duda la retenÃa: se habÃa comprometido y quizá estarÃa muy mal. Por la tarde, cuando la ropa estuvo seca y Hubertine vino a ayudarla a recogerla, aún no se habÃa decidido; se dio la noche de plazo para reflexionar. Con los brazos desbordantes de nÃveas ropas que tan bien olÃan, dirigió una mirada de inquietud al Clos-Marie, bañado ya por el crepúsculo, como a un rincón de naturaleza amiga que se negase a ser cómplice.