El sueño
El sueño Una mañana, mientras Hubert la instalaba en su sillón, colocando en un cojín sus piececitos inertes, dijo con una sonrisa:
—¡Ay! Ya estoy bien segura de que ahora seré buena y de que no me escaparé.
Hubert, sofocado, se apresuró en bajar, pues temía estallar en lágrimas.