El sueño
El sueño —Si esas visiones la rodean, es porque usted misma las ha creado… Venga, no ponga nada de usted misma en las cosas y se callarán.
Angélique hizo un movimiento de exaltación.
—¡Oh! ¡No! ¡Que hablen, que hablen en voz más alta! Ellas son mi fuerza, me dan el valor necesario para resistirle a usted… Son la gracia y nunca me ha inundado ésta con semejante energÃa. Si es sólo un sueño, el sueño que he puesto a mi alrededor y que vuelve a mÃ, ¡qué importa! Él me salva, me lleva sin mancha, en medio de las apariencias… ¡Oh! Renuncie, obedezca como yo. No quiero seguirle.
En su debilidad, se habÃa puesto en pie, resuelta, invencible.
—Pero la han engañado —prosiguió él—. ¡Se han rebajado hasta recurrir a la mentira para separarnos!
—La falta de otros no excusarÃa la nuestra.
—¡Ah! ¡Su corazón se ha apartado de mÃ, ya no me ama!
—Le amo, sólo lucho contra usted por nuestro amor y nuestra felicidad… Obtenga el consentimiento de su padre y le seguiré.
—A mi padre, usted no le conoce. Sólo Dios podrÃa hacerle ceder… Entonces, dÃgame, ¿todo ha terminado? Si mi padre me ordena que me case con Claire de Voincourt, ¿debo obedecerle?