El sueño
El sueño Entonces, en su rebelión, Félicien deliró y perdió totalmente el control. Habló de su madre. Era ella quien resucitaba en él para reclamar los derechos de la pasión. ¿Acaso su padre no la había amado? ¿Acaso se había alegrado de su muerte, puesto que se mostraba tan duro con los que se amaban y querían vivir? Pero, por mucho que se hubiera vuelto frío con las renuncias del culto, ella regresaría para asediarlo y torturarlo, puesto que él torturaba al hijo que ella había tenido de su matrimonio. Ella seguía existiendo y quería existir en los hijos de su hijo para siempre; él la mataba de nuevo al negar a aquel hijo la novia elegida, la que debía perpetuar la raza. No se casa uno con la Iglesia después de haberse casado con una mujer. Frente a su padre inmóvil, crecido en un espantoso silencio, lanzó las palabras de perjuro y asesino. Después, horrorizado, huyó titubeando.