El sueño

El sueño

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Monseñor acababa de depositar sobre la mesa blanca, entre los dos cirios, los santos óleos, trazando en el aire la señal de la cruz con el recipiente de plata. A continuación, cogió el crucifijo de manos del abad y se acercó a la enferma para que lo besara. Pero Angélique seguía inconsciente, con los párpados cerrados, las manos tensas, igual que las delgadas y rígidas figuras yacentes de piedra de los sepulcros. Durante un instante, la miró, observó, por el leve soplo de su respiración, que no estaba muerta y le puso el crucifijo en los labios. Esperaba; su rostro conservaba la majestad del ministro de la penitencia y ninguna emoción humana se manifestó en él cuando comprobó que ni la menor vibración había recorrido el fino perfil ni los cabellos de luz. Sin embargo, vivía y eso era suficiente para la redención de los pecados.

Entonces, monseñor recibió del abad el acetre[149] y el hisopo; y, mientras éste le presentaba el ritual abierto, lanzó agua bendita sobre la moribunda leyendo las palabras latinas:

—Asperges me, Domine, hyssopo, et mundabor; lavabis me et super nivem dealbabor[150]



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker